Obregón, el Presidente Mexicano que declaró: No hay general que resista una descarga de$ 50.000, estaba el 9 de Julio en Culiacán tomando un refresco de tamarindo cuando las campanas doblaban y Chuy Andrade, poeta y borracho le dijo:
– Mocho, tocan por ti
Al día siguiente, en Escuinapa, después de un festín de tamales, cuando iba a subir al tren, su buena amiga Elisa Beaven le dijo:
– No vayas, te van a matar.
Pero Obregón entró al tren y vino a la capital.
El hombre que se abrió camino a tiros y a sombrerazos y conquisto poder y gloria sin perder mas que la mano que le voló Pancho Villa, muere el 17 de julio de 1928 a manos de un fanático de Cristo Rey.
El catoliquísimo gobernador de Tabasco, Manuel Garrido, declara venganza por el asesinato de Obregón:
Manda demoler la Catedral y con el bronce de la campana erige le erige una estatua, decapita santos, arrasa iglesias, arranca las cruces del cementerio, obliga a los curas a casarse y aplica nuevos nombres a los lugares con nombres santos: La capital del Estado, San Juan Bautista, pasa a llamarse Villahermosa.
En solemne ceremonia dispone que un toro semental se llame obispo y un asno responda al nombre de Papa.
(Carlos Martínez Assad, El laboratorio de la revolución: El Tabasco garridista, México Siglo XXI, 1979)
Jairo Ruiz Clavijo
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