Por María Cristina Salas y Yulder Jiménez, periodistas de RedExpertos
En un claro ejemplo de compromiso con la sostenibilidad, Claro Colombia lideró una jornada de voluntariado en el colegio «José Asunción Silva», ubicado en la localidad de Engativá, en Bogotá. Esta institución educativa no solo fue uno de los primeros beneficiarios del programa «Internet gratuito» de la compañía, sino que ahora también se convierte en un símbolo del trabajo colaborativo entre empresa, comunidad y clientes.
La actividad, que reunió a más de 100 personas, marcó un hito importante en las iniciativas de responsabilidad social de Claro: por primera vez, se invitó a clientes de la compañía a participar activamente en una jornada de voluntariado. A ellos se sumaron colaboradores de la empresa, profesores, estudiantes y padres de familia, todos con un mismo propósito: mejorar el entorno educativo de los niños y niñas del colegio, mientras se fortalecen los lazos comunitarios.
El programa «Internet gratuito», que beneficia a cientos de colegios públicos en todo el país, ha sido una apuesta de Claro por cerrar brechas digitales en Colombia. Sin embargo, con actividades como esta, la empresa va más allá de la conectividad para aportar de forma tangible a los entornos educativos y comunitarios. En palabras de María Consuelo Rojas, directora de sostenibilidad de Claro Colombia, “la tecnología transforma vidas, pero también lo hacen las acciones colectivas. Hoy estamos aquí como una sola comunidad, ayudando a transformar un espacio que forma a los ciudadanos del futuro”.
La jornada incluyó actividades de embellecimiento y mantenimiento del plantel educativo: pintura de murales, reparación de la huerta y mantenimiento de la sala de cómputo. Uno de los momentos más emotivos fue la creación de murales colaborativos, diseñados por Mariana Jiménez, una joven artista local e intervenidos por estudiantes y voluntarios. Estas coloridas obras con temática colombiana plasman símbolos culturales del país y transmiten mensajes de inclusión, diversidad y cuidado por el entorno.
Otro eje clave de la jornada fue el mantenimiento de la huerta escolar, un espacio que ha sido trabajado por estudiantes y docentes como herramienta pedagógica y de sostenibilidad. Durante la actividad, se sembraron hortalizas, se adecuaron los caminos y se instalaron pequeños letreros informativos elaborados por los mismos niños. El objetivo es seguir fortaleciendo este espacio como aula viva, donde se promuevan valores como el trabajo en equipo, el respeto por la naturaleza y la alimentación saludable, resaltó Darío Sanguino Estupiñán, rector del colegio.
“El colegio es como una segunda casa, y hoy entre todos lo estamos dejando más bonito”, expresó Mariana, estudiante de séptimo grado, mientras ayudaba a plantar llegumbres junto a su madre y un voluntario de Claro. Este tipo de experiencias no solo generan impacto físico en el entorno, sino que también siembran semillas de conciencia y sentido de pertenencia en las nuevas generaciones.
La participación de los clientes de Claro fue una de las grandes novedades del evento. La convocatoria, realizada a través de canales digitales de la empresa, tuvo una gran acogida, y varios de los asistentes destacaron la oportunidad de aportar a una causa social de forma directa.
“Yo siempre he creído que las empresas deben ir más allá de ofrecer servicios, y hoy me siento feliz de ser parte de una actividad que deja huella”, dijeron Carlos y su esposa Edilma, clientes voluntarios y vecino de la localidad. Su testimonio refleja el valor que tiene para las marcas integrar a sus usuarios en sus acciones de sostenibilidad, generando experiencias significativas y vínculos auténticos.
La jornada de voluntariado en el colegio «José Asunción Silva» demuestra cómo una iniciativa de conectividad puede escalar hacia una transformación integral del entorno. Claro Colombia consolida así una visión de sostenibilidad que integra educación, comunidad y participación activa, generando impacto social desde lo local y con el poder de lo colectivo.
Acciones como esta no solo embellecen muros o jardines, sino que construyen tejido social, fortalecen relaciones de confianza y, sobre todo, muestran que cuando la tecnología se une con la empatía, el cambio real es posible.



