Ganadería baja en emisiones: ¿qué cambios sí mejoran la huella y la productividad en su cultivo?
Reducir emisiones en la ganadería no significa producir menos. En la práctica, muchas de las medidas que ayudan a bajar metano también mejoran la eficiencia del sistema, el desempeño animal y la rentabilidad. La FAO mantiene como referencia que las cadenas ganaderas aportan alrededor de 14,5% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, y en Colombia los inventarios oficiales ubican al sector agropecuario entre las fuentes relevantes de emisiones nacionales, lo que vuelve clave una transición con enfoque productivo y no solo ambiental.
“El camino más efectivo no es reducir animales por reducir, sino mejorar la eficiencia biológica del sistema”, explica Eduardo Mora Bejarano, decano de la Facultad de Ciencias Agrícolas y Pecuarias de Areandina y docente de Tecnología en Producción de Ganadería Sostenible virtual de la misma institución. En términos simples, eso significa lograr más carne o más leche con mejor alimentación, mejor sanidad y menos días improductivos.
La primera palanca está en el forraje. Cuando el ganado consume pastos viejos, muy fibrosos y con alta lignina, la digestión en el rumen es menos eficiente y se eleva la producción de metano entérico por unidad de alimento. Por eso, una práctica concreta que sí funciona es mejorar la calidad del pasto con rotación de praderas, tiempos cortos de ocupación y descansos adecuados, para que el animal consuma forraje joven y más digestible. Esto no solo ayuda a bajar la intensidad de metano: también mejora la conversión alimenticia y desempeño.
La segunda, es la suplementación estratégica en épocas críticas. En verano o cuando cae la oferta forrajera, usar bloques multi nutricionales o concentrados bien formulados puede evitar pérdidas de peso y sostener la curva de producción. El punto clave no es “suplementar por costumbre”, sino hacerlo cuando el sistema lo necesita para evitar que el animal pase semanas consumiendo energía de mantenimiento sin producir.
“Cuando el ganadero mejora pasturas, suplementación y sanidad al mismo tiempo, baja la huella por kilo de carne o litro de leche, que es la métrica que realmente importa para competir”, señala Mora. Esa idea es central: más que mirar solo emisiones absolutas, los mercados y las certificaciones miran cada vez más la eficiencia por unidad producida.
Otra medida con impacto real es fortalecer la sanidad y la reproducción. Un animal enfermo, con parasitismo o con baja fertilidad sigue emitiendo, pero produce menos. Ahí sube la huella relativa del sistema. Por eso, la medicina preventiva, la eficiencia reproductiva y la reducción de días improductivos son herramientas climáticas y productivas al mismo tiempo.
Dónde ajustar para bajar huella de carbono sin perder rendimiento
En sistemas de carne y leche, una ruta de mejora con buenos resultados es integrar gramíneas, leguminosas y especies arbóreas en sistemas silvopastoriles. Además de mejorar sombra, bienestar animal y productividad por hectárea, algunas especies aportan compuestos que favorecen la eficiencia digestiva. Pero no se trata de “sembrar árboles y ya”: la rentabilidad depende de diseñar el sistema según zona o región donde se va a implementar, disponibilidad de agua, tipo de suelo y capacidad de manejo.
“Un sistema silvopastoril bien implementado no se copia; se diseña para la finca y se escala de manera gradual para no afectar caja ni operación”, subraya Mora. En la práctica, eso significa empezar por cercas vivas, división de potreros y selección de especies adaptadas, antes de hacer inversiones grandes sin asistencia técnica.
También ganan importancia la selección genética y de biotipos adaptados al ambiente. Animales que convierten mejor el alimento, alcanzan antes el peso objetivo o sostienen producción con buena adaptación al trópico emiten menos por unidad producida. Esta decisión, además, mejora resiliencia frente a calor, variación climática y cambios en oferta de pasturas.
Para pequeños y medianos productores, una barrera frecuente es pensar que medir huella es costoso y solo para grandes fincas. En realidad, el primer paso puede ser mucho más simple: usar calculadoras de carbono de acceso abierto (como GLEAM-i de la FAO) y trabajar en asociaciones para compartir costos de trazabilidad y certificaciones. La medición perfecta no debe frenar la mejora posible.
¿Qué conviene monitorear en 2026 para unir sostenibilidad y competitividad? Cuatro indicadores prácticos: edad al primer parto, intervalo entre partos, carga animal por hectárea y tasa de extracción. Si estos mejoran, suele mejorar también la eficiencia del ciclo de vida del animal y bajar la emisión por kilo o litro producido.
Para productores de Cesar, Córdoba, Meta, Antioquia, Magdalena o Caquetá, una ruta realista es empezar con un diagnóstico de tres frentes: calidad de pasturas, desempeño reproductivo y estado sanitario. Luego, priorizar una mejora por trimestre y medir resultados. “La sostenibilidad no empieza en el discurso: empieza cuando el productor puede ver, con datos, que una práctica le mejora productividad y reduce pérdidas”, concluye.
#SomosYulderYCris #RedExpertos #Sostenibilidad #ConsejoSostenible