San Valentín: la prueba clave de la floricultura colombiana rumbo al mercado estadounidense
Cada 14 de febrero, millones de flores producidas en Colombia recorren miles de kilómetros para atender uno de los picos de consumo más altos del calendario global. Según cifras consolidadas por Asocolflores, Estados Unidos concentra cerca del 80 % de las exportaciones de flores colombianas, lo que convierte a la temporada de San Valentín en un periodo crítico para la planeación productiva, sanitaria y logística del sector.
Colombia se mantiene como el segundo exportador de flores a nivel mundial y el primero en claveles. De acuerdo con datos del sector floricultor, el país cuenta con más de 10.000 hectáreas cultivadas y registró exportaciones que se acercaron a los 2.500 millones de dólares en 2025, consolidando a la floricultura como una de las principales actividades agroexportadoras no minero-energéticas del país.
Este posicionamiento depende de una ruta técnica que inicia en el cultivo y continúa a lo largo de una cadena altamente especializada, donde intervienen el manejo agronómico, el control fitosanitario, la poscosecha y el transporte aéreo, con tiempos y condiciones estrictas para preservar la calidad del producto. Según cifras sectoriales, durante el primer semestre de 2025 las rosas representaron cerca del 19% del valor total exportado, mientras que la diversidad de variedades sigue siendo una ventaja competitiva en mercados exigentes.
Uno de los principales riesgos para la exportación son las plagas de importancia cuarentenaria, entre ellas los thrips, insectos diminutos (generalmente menores a cinco milímetros) que se alimentan de la savia de hojas y flores. Autoridades sanitarias advierten que la detección de estos organismos en puertos internacionales puede derivar en la retención o rechazo de cargamentos completos, con impactos económicos directos y afectaciones a la reputación sanitaria del país como proveedor confiable.
Frente a este escenario, el manejo preventivo se vuelve determinante para la competitividad del sector. La floricultura de exportación exige anticiparse a los riesgos desde el cultivo y reducir la probabilidad de rechazos en destino. A esto se suma una gestión rigurosa de la poscosecha, donde variables como la temperatura, la hidratación, la sanidad y el manejo logístico inciden directamente en la vida útil del tallo una vez llega al consumidor final.
Para mitigar estos riesgos, la protección de cultivos cumple un papel clave desde una lógica preventiva. En floricultura de exportación, las soluciones de protección de cultivos de BASF, como Davantor® SC permiten mantener bajo control plagas de importancia económica y cuarentenaria a lo largo del ciclo productivo, mientras que fungicidas especializados como Elmus® SC funcionan como un “cuidador” de la flor, protegiéndola frente a enfermedades como Botrytis y ayudando a conservar su calidad durante el trayecto. Más allá del control sanitario, este tipo de soluciones acompañan procesos fisiológicos que permiten que el tallo conserve su frescura, firmeza y apariencia en el florero hasta por 20 días, un atributo decisivo en temporadas de alta rotación como San Valentín.
«La innovación mantiene la competitividad al mejorar productividad y logística, reduciendo costos y acelerando la tecnificación en un sector intensivo en mano de obra y con alta dependencia del transporte aéreo. Al mismo tiempo, reforzar la calidad en poscosecha: temperatura, hidratación, sanidad y manejo, evita rechazos, sostiene la vida en florero y la preferencia del consumidor. En este desafío, las soluciones especializadas de BASF se convierten en un aliado decisivo para proteger la calidad y maximizar el valor de cada tallo que sale al mercado global.«, explica Ángelo Santibáñez, Gerente de Trade Marketing de BASF.
El liderazgo internacional de Colombia en la floricultura se sostiene sobre el trabajo coordinado entre productores, técnicos, científicos y expertos en logística, que buscan responder a una demanda global creciente sin comprometer la calidad ni los estándares sanitarios. Detrás de cada ramo que llega a su destino en San Valentín hay decisiones agronómicas precisas y una cadena productiva diseñada para cumplir con las exigencias del comercio internacional.
Las flores colombianas que viajan por el mundo en esta temporada no solo representan afecto: reflejan el nivel de tecnificación, planificación y control que requiere una de las principales agroexportaciones del país.
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