Los colombianos ya no se visten igual que hace diez años
Los colombianos ya no se visten igual que hace diez años: estos son los zapatos que se están tomando el clóset en el país
Hace unos años, usar tenis para ir a la oficina o a una cena casual podía parecer fuera de lugar; hoy, es la norma. En Colombia, este tipo de calzado dejó de estar limitado al deporte para convertirse en una pieza clave del estilo diario, acompañando a los consumidores en todos los momentos de su jornada.
La forma de vestir está cambiando y, con ella, las prioridades: la comodidad ya no es negociable y la versatilidad se ha vuelto esencial. Un mismo par puede funcionar para una jornada laboral, una salida con amigos o un fin de semana fuera de la ciudad; es en ese equilibrio entre estilo y funcionalidad donde esta categoría ha ganado terreno definitivo.
De acuerdo con datos de Bata, este fenómeno se refleja directamente en las decisiones de compra. Actualmente, las mujeres representan el 39% de sus compradores de tenis en el mercado local, con un volumen que alcanza, en promedio, los 160.000 pares mensuales destinados a este segmento. Sin embargo, la tendencia es transversal: mientras el mercado femenino mantiene una alta preferencia, el segmento masculino registra un crecimiento del 7% en el último año, evidenciando una adopción cada vez más fuerte de este calzado en la rutina diaria.
Más allá de una preferencia estética, el auge de los sneakers responde a una búsqueda técnica de bienestar. El uso de materiales livianos y diseños pensados para acompañar jornadas extensas permite que el calzado deje de ser un simple complemento para transformarse en un aliado del ritmo de vida actual. Este cambio también posee un componente emocional: para muchos, los tenis conectan con una sensación de familiaridad construida desde la infancia, cuando el confort era la prioridad absoluta. Hoy, esa misma lógica se traslada a la adultez, donde la elección está ligada a cómo se siente el zapato y no solo a cómo se ve.
De los primeros pasos a la vida adulta
La relación con el calzado comienza en los primeros años, donde el ajuste y la libertad de movimiento son factores críticos para el desarrollo. En el segmento infantil, la preferencia por zapatos livianos y flexibles ha marcado durante décadas las decisiones de compra de los padres colombianos. En este contexto, el desarrollo de soluciones específicas ha evolucionado hacia propuestas que priorizan tanto el bienestar como la autonomía. Tecnologías como Easy Slide e Easy Twist están diseñadas para facilitar que los niños puedan calzarse con mayor facilidad, promoviendo su independencia mientras el zapato acompaña su movimiento natural.
Desde una perspectiva técnica respaldada por expertos en pediatría, un calzado de alto desempeño debe ir más allá de la estética. El estándar de calidad de la marca se basa en una arquitectura que previene la fatiga y alteraciones en la postura, priorizando suelas con amortiguación adecuada y materiales transpirables que reduzcan irritaciones. Estos criterios aseguran que el pie, que en la infancia y adolescencia está en constante formación, cuente con un ajuste dinámico que permita el movimiento libre de los dedos y un soporte que favorezca el equilibrio natural.
«En Bata entendemos que esa nostalgia de quienes crecieron con nuestros zapatos hoy se traduce en una confianza técnica», explica Carolina Tejada, Gerente de Marketing de Bata Colombia. «Muchos de los padres actuales saben que lo que funcionó para su bienestar cuando eran niños, es lo que garantiza hoy su comodidad como adultos. Nuestra misión es que esa transición generacional sea siempre fluida, con calzado que aguante el ritmo de la vida real».
Finalmente, los mismos criterios que se priorizan en la niñez influyen hoy en la forma en que los adultos eligen su propio calzado. De esta manera, el calzado infantil no solo responde a una necesidad puntual de crecimiento, sino que termina moldeando hábitos de consumo que se mantienen a lo largo de la vida.
En conjunto, los tenis han dejado de ser una opción ocasional para convertirse en el símbolo de una nueva forma de vivir: más flexible, más dinámica y, sobre todo, más cómoda.