Humedales, los guardianes del equilibrio

Por: Ramon Gabriel Aguilar, docente del Programa de Gestión Ambiental de la Universidad Politécnico Grancolombiano.
Cada vez que camino por un humedal, recuerdo que no hay mejor aula que la naturaleza. Allí, entre el silencio del agua y el vuelo de las aves, se aprende que todo está conectado: el aire que respiramos, la temperatura de la ciudad y hasta el modo en que convivimos. Los humedales son mucho más que espejos de agua, son los guardianes silenciosos que regulan el clima, purifican el agua, almacenan vida y nos enseñan, sin palabras, el valor de la armonía.
Sin embargo, pese a su inmensa importancia, estos ecosistemas están desapareciendo a una velocidad alarmante. A nivel mundial, se calcula que más del 35 % de los humedales se ha perdido en los últimos 50 años. No hablamos solo de paisajes, sino de sistemas vivos que sostienen la biodiversidad y ayudan a enfrentar el cambio climático.
Recientemente realicé la investigación “Humedales de Bogotá, sostenibilidad y ciencia ciudadana: guardianes de la biodiversidad que necesitan tu voz” en el Politécnico Grancolombiano, allí analicé cómo estos espacios están siendo afectados por vertimientos ilegales, construcciones no autorizadas y el uso inadecuado de sus recursos.
Encontré que en Colombia contamos con once humedales reconocidos por la Convención Ramsar, entre ellos La Conejera, Tibanica y Córdoba, ubicados en Bogotá. Cada uno cumple funciones vitales: almacenan agua, reducen el riesgo de inundaciones, moderan las temperaturas y sirven de hogar a especies que no podrían sobrevivir en otro lugar.
Lo preocupante es que, aunque los tenemos tan cerca, muchas veces no los vemos. En su lugar vemos lotes baldíos, terrenos por urbanizar o, peor aún, depósitos de basura. La contaminación por residuos, las construcciones ilegales y la pérdida de vegetación han reducido su capacidad para mantener la vida. Y con ello, hemos puesto en riesgo la nuestra.
Y es que cuando un humedal desaparece, la ciudad pierde su equilibrio natural: se vuelve más calurosa, más vulnerable y más frágil frente a los extremos del clima. He escuchado decir que cuidar los humedales es una tarea técnica, de expertos o instituciones, pero no es así. Cuidarlos empieza por reconocerlos, por entender que son parte de nuestro entorno y que su deterioro nos afecta a todos.
No podemos proteger lo que no conocemos, por eso, me preocupa que muchos bogotanos ni siquiera sepan cuántos humedales tiene la ciudad o qué especies los habitan. Tal vez si supiéramos que allí viven aves como la Tingua Bogotana o la Monjita Cabeciamarilla, o que plantas como la lenteja de agua y el arboloco limpian el aire y purifican el agua, los miraríamos con otros ojos.
La educación ambiental juega un papel decisivo en este cambio de mirada. Entender cómo funciona un humedal es entender cómo funciona la vida misma. La ciencia ciudadana, esa que nace de la curiosidad y del compromiso, permite que las personas participen activamente en la protección de estos espacios: observando, denunciando, reforestando, aprendiendo.
Pero aún falta algo más profundo: asumir los humedales como parte de nuestra identidad. No son un lujo ecológico, son un sistema que nos da agua, regula los ríos y mitiga los impactos del clima. Si desaparecen, perdemos mucho más que biodiversidad, perdemos estabilidad, paisaje y futuro.
Reconocerlos como parte de quienes somos implica entender que su protección no es solo tarea de expertos o autoridades ambientales, sino un compromiso ciudadano y cultural. Cuidar un humedal es cuidar la memoria del territorio, la manera en que convivimos con la naturaleza y la posibilidad de heredar un entorno habitable a las próximas generaciones.
En estos tiempos de crisis climática, cuidar los humedales no es una opción, es una urgencia. Debemos exigir que se cumplan las normas, que se fortalezcan los planes de manejo y que se reconozcan los humedales que aún no tienen protección. Pero también debemos actuar desde lo cotidiano: evitar los vertimientos, no arrojar residuos, respetar los límites naturales.
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