En los campos petroleros de Colombia, donde hace cuarenta años se descubrieron yacimientos que cambiaron la historia económica del país, hoy surge una nueva oportunidad: demostrar que la industria energética puede ser aliada de la vida. Según la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) de Colombia, al cierre del año 2024, las reservas probadas de petróleo en Colombia ascienden a 2.035 millones de barriles, el desafío ya no es solo producir, sino hacerlo dejando un legado de agua limpia, bosques en pie y comunidades resilientes.
El país no solo es potencia energética, sino también el segundo más biodiverso del mundo. ¿Es posible que el petróleo y la naturaleza escriban juntos un futuro sostenible? Para Terrasos empresa experta en estrategias corporativas de biodiversidad, especializada en la estructuración y operación de inversiones ambientales, la respuesta es sí, pero requiere visión, innovación y una acción decidida desde los territorios.
Colombia es un hotspot de biodiversidad, donde más del 45% de sus ecosistemas están en riesgo. Esta riqueza natural coincide, en muchos casos, con zonas de actividad extractiva, particularmente en sectores como el petróleo. En lugar de asumir esta superposición como un conflicto inevitable, propone verla como una oportunidad: la posibilidad de regenerar ecosistemas y fortalecer economías locales, mientras se cumple con los estándares más exigentes de producción responsable.
Terrasos lidera esta transición desde la acción
Con más de 50.000 hectáreas implementadas en estrategias de compensación ambiental, Terrasos con más de 10 años de trabajo, ha demostrado que es posible transformar las obligaciones legales en soluciones regenerativas de largo plazo. Su modelo de Bancos de Hábitat permite generar créditos de biodiversidad verificables, facilitando a empresas del sector de hidrocarburos cumplir con sus compromisos ambientales de forma efectiva, transparente y escalable, mediante una solución de pago por resultados.
Hoy se viene trabajando cada hectárea dentro del banco de hábitat bajo la representación de cupos de biodiversidad. Es decir, detrás de cada pedacito de tierra hay todo un respaldo técnico, jurídico y financiero que garantiza resultados reales para la conservación. ¡Y lo mejor! Todo está diseñado para que estas acciones duren hasta 30 años, bajo una alta integridad, representado en un impacto tangible en la biodiversidad y contribuyendo a la protección de ecosistemas y a la mitigación de problemas como la pérdida de biodiversidad y el cambio climático.
Los hidrocarburos y el agua limpia están intrínsecamente relacionados con este servicio ecosistémico para su operación, además de otros factores como regulación del clima, estabilidad social y aceptación comunitaria, y al ignorar esta interdependencia, representa un riesgo ambiental, como operativo y financieros creciente.
Según el instituto Humboldt, Colombia podría perder 1.5 billones de pesos en el PIB si no toma medidas para frenar la deforestación. Por ello, es preciso que hoy las empresas se movilicen e inviertan adecuadamente sus recursos de compensación, pues así permiten mitigar los impactos negativos sobre el medio ambiente, proteger la biodiversidad, y asegurar la disponibilidad de recursos naturales para las futuras generaciones.
Sin embargo, el sistema de compensaciones ambientales en Colombia ha mostrado deficiencias estructurales, el 70% de los proyectos no cumplen sus metas, debido a la falta de monitoreo científico riguroso y a la ausencia de participación comunitaria real, según Mariana Sarmiento, CEO de Terrasos en el Congreso ACM de 2024. Terrasos ha respondido a este desafío de biodiversidad, con un modelo que combina tecnología de punta —como imágenes satelitales— con saberes locales, asegurando que cada hectárea restaurada tenga impacto tangible y duradero.
Un ejemplo es en el departamento del Meta, un proyecto conjunto entre una petrolera y Terrasos que recuperó 200 hectáreas de bosque seco tropical y generó 85 empleos locales. Pero esos esfuerzos no son posibles sin el apoyo de las empresas, hoy se esperan recursos pendientes de ejecución en compensaciones que pueden superar los 300 millones de dólares.
También agregó Mariana Sarmiento, “no es ‘petróleo o biodiversidad’, sino ‘petróleo y biodiversidad’, ahí tenemos una oportunidad para estabilizar territorios y generar legados», además señaló, «estamos ante una elección histórica: seguir viendo la biodiversidad como un costo o entenderla como el activo más valioso de nuestra transición energética».
El escenario internacional también está cambiando. Colombia llega a la COP30 en Belém do Pará, Brasil, con una agenda ambiciosa y transformadora, buscando fortalecer alianzas multilaterales y proponer soluciones innovadoras para la transición energética justa y la tan esperada movilización de financiamiento climático. Seguramente la participación colombiana se centrará en la protección de la Amazonía, la lucha contra el cambio climático, presentando propuestas concretas para la reforma del sistema financiero global, la revisión de la relación entre deuda, naturaleza y clima, y la eliminación progresiva de los combustibles fósiles.
El Foro Económico Mundial ha clasificado sistemáticamente la pérdida de biodiversidad entre los cinco principales riesgos mundiales para las empresas. Paralelamente, el lanzamiento y la creciente adopción de la Taskforce on Nature-related Financial Disclosures (TNFD), está empujando a las empresas a evaluar, gestionar e informar sobre sus riesgos y dependencias relacionados con la naturaleza.
No es un esfuerzo aislado, sino parte de una tendencia global hacia la economía de la naturaleza. A través de iniciativas enfocadas en biodiversidad, se generará un movimiento que busca revalorar la naturaleza como un activo económico clave de la mano con comunidades, gobiernos y actores privados, para desarrollar proyectos que no solo protejan la naturaleza, sino que también generen un impacto positivo en las economías locales y globales.
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