Por: Ramón Gabriel Aguilar, docente de Gestión Ambiental del Politécnico Grancolombiano.

Hoy más que nunca, estoy convencido de que no hay espacio para la indiferencia. Las empresas que aún dudan en adoptar comportamientos sostenibles no solo se arriesgan a sanciones, sino que comprometen su permanencia en el mercado. Las nuevas políticas ambientales (más estrictas en temas como posconsumo, vertimientos, emisiones y residuos) han trazado una línea clara: la sostenibilidad no es una moda, es una condición para seguir operando.

En el Programa de Gestión Ambiental del Politécnico Grancolombiano, junto a estudiantes y otros docentes, hemos analizado el tema desde múltiples perspectivas. Y lo que encontramos es contundente: los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y los tratados internacionales ofrecen una hoja de ruta clara. Herramientas como la responsabilidad extendida del productor, la corresponsabilidad ambiental y las buenas prácticas de manufactura permiten integrar la circularidad y la eficiencia en toda la cadena de valor.

Las ecoetiquetas, el ecodiseño, la producción más limpia y la medición de huellas ambientales (ya sea de carbono o hídrica) no son solo conceptos técnicos, son formas concretas de demostrar resultados, generar confianza y conectar con consumidores cada vez más conscientes.

Lejos de ser un gasto, la sostenibilidad bien gestionada se convierte en una inversión inteligente. Optimiza recursos, atrae inversión responsable y fideliza clientes que valoran la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Comunicar estos avances con transparencia, usando marcos reconocidos como las guías GRI, no solo fortalece la reputación: abre puertas a colaboraciones estratégicas y posiciona a las organizaciones como líderes en su sector.

Pero hay algo aún más profundo: la sostenibilidad no puede quedarse en indicadores o reportes, debe permear la cultura organizacional. Esto significa que las políticas ambientales deben traducirse en decisiones cotidianas, en la forma en que nos relacionamos con empleados, proveedores, clientes y comunidades. Implica integrar la justicia social, la diversidad, el bienestar emocional y físico de los colaboradores, y repensar las cadenas de suministro con criterios éticos y de baja huella ambiental.

Comprometerse con la bioregeneración, restaurar ecosistemas, fomentar el voluntariado ambiental y fortalecer una cultura de aprendizaje continuo son acciones que, cuando se integran al ADN empresarial, dejan de ser un costo y se convierten en un factor diferenciador. Un motor de innovación y confianza.

La innovación tecnológica también juega un papel clave en este camino. Las empresas que invierten en tecnologías limpias, automatización eficiente y sistemas de monitoreo ambiental no solo reducen su impacto negativo, sino que también ganan agilidad para adaptarse a nuevas regulaciones y expectativas del mercado. La digitalización de procesos, el uso de inteligencia artificial para optimizar recursos y la trazabilidad de insumos son ejemplos de cómo la sostenibilidad puede ir de la mano con la transformación digital.

Además, no podemos subestimar el rol de la academia en este proceso. Las universidades tienen la responsabilidad de formar profesionales con una visión ética, crítica y ambientalmente consciente. La articulación entre empresa, comunidad y academia es fundamental para construir soluciones sostenibles que respondan a los desafíos reales del país.

Además, he visto cómo la sostenibilidad transforma no solo procesos, sino también personas. Cuando los equipos se involucran en iniciativas ambientales, se despierta un sentido de propósito que va más allá de lo laboral. Se fortalece el vínculo con la organización, se mejora el clima interno y se genera una cultura de cuidado que permea todos los niveles. La sostenibilidad, bien entendida, humaniza la empresa.

Cada acción sostenible es una oportunidad para enseñar, inspirar y contagiar buenas prácticas. Desde el aula, desde la oficina, desde el terreno, podemos sembrar conciencia. Porque al final, construir un futuro más justo y equilibrado no depende solo de grandes decisiones, sino de miles de pequeñas acciones que, juntas, hacen la diferencia.

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Yulder Jiménez

Redexpertos es una organización que tiene como objetivo congregar a profesionales relacionados con las áreas de las comunicaciones y la responsabilidad social empresarial, para promover la gestión del conocimiento y de esta manera aportar a la Sostenibilidad del planeta.

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