El 87 % de los consumidores prefiere productos de marcas comprometidas con el planeta
El consumo consciente dejó de ser una tendencia emergente para convertirse en un criterio cada vez más determinante en las decisiones de compra de los consumidores. Hoy, factores como la sostenibilidad, la ética empresarial y el impacto social influyen de manera directa en la relación entre las personas y las marcas.
De acuerdo con análisis recientes de la empresa de inteligencia del consumidor y de investigación de mercados, NielsenIQ, más del 70 % de los consumidores en el mundo afirma que intenta tomar decisiones de compra más responsables con el medio ambiente. A su vez, estudios del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente muestran que en América Latina cerca de 7 de cada 10 personas estarían dispuestas a modificar sus hábitos de consumo para reducir su impacto ambiental.
Este cambio cultural está impulsando a empresas y consumidores a repensar el papel de los negocios en la construcción de soluciones frente a desafíos como la crisis climática, la pérdida de biodiversidad y las desigualdades sociales.
Cuando el propósito influye en la compra
De acuerdo con el estudio regional “El Futuro de la Belleza” (2025), realizado en seis países de América Latina por Avon y Sácate la Duda, el 80% de las consumidoras afirma que la sostenibilidad de un producto aumenta su probabilidad de compra, una cifra que en Colombia alcanza el 87 %, posicionando al país como uno de los mercados con mayor sensibilidad frente a este tema.
Este cambio en la mentalidad del consumidor se da en paralelo a un contexto económico que también está transformando los hábitos de consumo. El mismo estudio revela que el 91% de las mujeres en la región ha realizado cambios en su rutina de belleza debido al aumento del costo de vida, priorizando estrategias como buscar productos multifunción, comparar precios o elegir opciones con mayor valor a largo plazo.
“Hoy las personas no solo buscan productos de calidad; también quieren entender el impacto que hay detrás de las marcas que consumen. La sostenibilidad, el origen de los ingredientes y la relación con las comunidades se han vuelto factores decisivos en la compra. En Natura trabajamos para que ese compromiso se refleje en nuestro portafolio, por ejemplo, a través de Ekos, una línea con más de 25 productos desarrollados junto a comunidades de la Amazonía promovemos la conservación del bosque y el desarrollo local. A través de prácticas de comercio justo, reconocemos el valor de los bioingredientes, el conocimiento ancestral y compartimos parte de las ventas con las comunidades que hacen posible esta cadena de valor”, explica Alejandro Gutiérrez, gerente de Sostenibilidad del Mercado Andino de Natura.
Más allá de la intención de compra, el estudio también revela que la sostenibilidad se convierte en una forma de participación social para muchas consumidoras. Entre quienes están dispuestas a pagar más por productos sostenibles, el 65 % afirma que lo haría porque considera importante invertir en productos con ingredientes seguros y éticos, mientras que el 50 % señala que prefiere apoyar marcas comprometidas con buenas prácticas ambientales y sociales.
Sin embargo, el análisis también muestra que el consumo consciente convive con una exigencia creciente hacia las empresas: 35 % de las consumidoras considera que las marcas deberían asumir el costo de producir de forma sostenible, en lugar de trasladarlo al consumidor.
“Este es uno de los grandes desafíos para las empresas: demostrar que es posible construir modelos de negocio donde el impacto positivo sea parte del valor del producto y no un costo adicional para las personas”, agrega Gutiérrez.
Colombia: un mercado clave para el consumo con impacto
En este contexto, Colombia se ha consolidado como uno de los mercados más dinámicos para el desarrollo de modelos de negocio con propósito en América Latina. Natura cuenta actualmente en el país con más de 180.000 consultoras y consultores de belleza y cerca de 700 colaboradores directos, consolidando una red que promueve el emprendimiento y la generación de ingresos en diferentes regiones del país.
Además, la compañía ha fortalecido programas de formación que buscan ampliar las oportunidades económicas para su red de consultoras. Más de 27.000 mujeres han participado en procesos de educación digital, financiera y formal, mientras que 80 consultoras han logrado graduarse como bachilleres académicas gracias a estos programas.
Este enfoque forma parte de la visión de la compañía hacia un modelo de negocio regenerativo, que busca generar impactos positivos en los capitales: social, económico, ambiental y humano.
“Hablar de regeneración significa entender que las empresas pueden ir más allá de reducir impactos negativos. Se trata de contribuir activamente al bienestar de las personas, las comunidades y la naturaleza”, comparte Gutiérrez.
Un cambio cultural en marcha
El auge del consumo consciente también refleja una transformación cultural más amplia. Cada vez más consumidores evalúan a las empresas no solo por sus productos, sino por su impacto en la sociedad.
En ese sentido, la sostenibilidad deja de ser un atributo diferenciador para convertirse en una expectativa básica. Para las marcas, el desafío ya no es únicamente comunicar compromisos, sino demostrar resultados concretos que respalden esas promesas.
“Las empresas que entienden esta transformación tienen la oportunidad de construir relaciones más profundas y duraderas con las personas. El consumo consciente no es solo una tendencia: es parte de una nueva forma de entender el valor de las marcas”, concluye Gutiérrez.
Finalmente, en ese camino, Natura y Avon han consolidado un modelo que conecta consumo, desarrollo social y conservación ambiental. A través de su programa Amazonía Viva, la compañía contribuye a la conservación de más de 2 millones de hectáreas de selva amazónica, al tiempo que genera ingresos sostenibles para más de 10.000 familias campesinas.
Este enfoque forma parte de su visión de negocio regenerativo, que busca que cada producto no solo reduzca su impacto ambiental, sino que también contribuya activamente a reparar y sanar los ecosistemas y genere bienestar a las comunidades que hacen posible el desarrollo de esta cadena de valor.
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