Hacen un llamado para que la conservación de algunas especies sea efectiva
Colombia, uno de los países más biodiversos del planeta, atraviesa una grave crisis ambiental: 2.104 especies se encuentran actualmente en riesgo de extinción, según datos de la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). De este total, 466 están en Peligro Crítico, 800 en Peligro y 838 son Vulnerables, una situación que pone en alerta a la comunidad científica y a las autoridades ambientales.
Aunque en el país se han registrado 80.346 especies, estimaciones científicas indican que la cifra real podría oscilar entre 200.000 y 900.000, muchas aún sin describir. La pérdida acelerada de biodiversidad está asociada a factores como la deforestación, el tráfico ilegal de fauna, la contaminación, los incendios forestales y el cambio climático.
La UICN también reporta al menos cinco especies asociadas a Colombia ya extintas, entre ellas el Zambullidor Colombiano o Pato Zambullidor Andino. La desaparición de una especie implica daños irreversibles en los ecosistemas, como la interrupción de procesos de regeneración natural y la reducción de la resiliencia ambiental.
Frente a este escenario, especialistas insisten en que la conservación debe ir más allá de la protección territorial y apoyarse en herramientas científicas de última generación. En ese contexto, se destaca el trabajo de la bióloga venezolana Emperatriz Gamero García, investigadora del Smithsonian Conservation Biology Institute, quien ha impulsado el uso de la genética y la genómica aplicada para la conservación de especies amenazadas.
“En países megadiversos como Colombia, la pregunta ya no es si existe riqueza natural, sino si estamos tomando decisiones basadas en ciencia para garantizar su supervivencia. La genética permite anticipar riesgos y actuar antes de que sea demasiado tarde”, afirmó Gamero.
La investigadora subraya la necesidad de fortalecer el monitoreo, promover datos abiertos, invertir en laboratorios, colecciones biológicas y talento humano, así como utilizar herramientas genéticas para identificar problemas como la endogamia, la hibridación o la pérdida de diversidad genética en poblaciones silvestres; frenar el tráfico ilegal de fauna; restaurar y conectar hábitats; y llevar la ciencia a comunidades, escuelas y autoridades ambientales como una herramienta práctica de decisión.
Su experiencia incluye casos emblemáticos como el del mono capuchino de Margarita, un primate endémico de Venezuela amenazado por el tráfico ilegal y el reducido tamaño de su población. A través del desarrollo de métodos genéticos no invasivos y protocolos de alta precisión, su trabajo ha contribuido a mejorar las decisiones de conservación. Estas herramientas también han sido aplicadas a especies críticamente amenazadas como el cardenalito, en colaboración con investigadores del Smithsonian.
Expertos coinciden en que la conservación solo es efectiva cuando el conocimiento científico se traduce en acción local, con el respaldo de alianzas empresariales, institucionales y la participación activa de comunidades y autoridades ambientales. Para Gamero, proteger la biodiversidad no es un gesto romántico. Es una estrategia de futuro. De ello dependen la calidad del agua, la regulación del clima, el equilibrio de los ecosistemas y la salud humana. La extinción no solo empobrece la naturaleza; también debilita economías rurales, culturas locales y oportunidades para las próximas generaciones Con más de 2.000 especies amenazadas, Colombia aún tiene margen para actuar. Por lo que se debe recordar que “la conservación, cuando se toma en serio, no es nostalgia: es ciencia, decisión y futuro”, concluye la experta.
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