Por Sarita Ardila Ramírez, Psicóloga Deportiva y de Rendimiento
Detrás de cada jugada brillante, cada gol celebrado o cada punto decisivo, hay una dimensión invisible que influye tanto como el entrenamiento físico: la mente. El deporte no solo se juega en la cancha, también se libra en el terreno de los pensamientos, las emociones y la presión constante por rendir. Y aunque poco se hable de ello, la salud mental se ha convertido en uno de los pilares fundamentales del rendimiento deportivo.
Imagina a una joven estrella del baloncesto que tiene todo el talento pero se culpa cada vez que su equipo pierde; a una futbolista profesional a punto de cobrar un penalti con un nudo en el pecho pensando en todas las burlas, comentarios y la vergüenza que puede llegar a sentir si lo falla; a un capitán de equipo que se bloquea al momento de tomar una decisión crítica, o a un entrenador que explota con sus jugadores bajo presión. Situaciones en el deporte que son más comunes de lo que la gente cree, pero que realmente pueden afectar el rendimiento y bienestar general de un jugador.
Ahora, en vez de una joven, imagina a una guitarrista en la misma situación; mucho talento, pero con gente alrededor su confianza desaparece. En vez de una futbolista imagina a una presentadora de televisión que se le hace nudo el pecho antes de hablar. Piensa en un capitán de las fuerzas militares que se le pone la mente en blanco en momento decisivos. Y en vez de un entrenador, un Gerente General de una empresa que explota contra sus empleados en tiempos de mucha presión. ¿Algo de esto suena familiar? Distintos escenarios, un mismo desafío: la falta de habilidades mentales para manejar emociones y presión.
Tanto en el deporte como en la vida, a menudo nos vemos obligados a afrontar desafíos que nos sacan de nuestra zona de confort y ponen a prueba nuestra habilidad para lidiar con ellos. Incluso, puede que no estemos pasando por un desafío, pero queremos crecer. En esos momentos es cuando más debemos utilizar el poder de la mente.
¿Cómo es posible utilizar la mente?
La psicología deportiva y de rendimiento, de acuerdo con la Asociación de Psicología Aplicada al Deporte (AASP), por sus siglas en inglés, es una disciplina dedicada a mejorar el rendimiento y el bienestar general de los deportistas y profesionales en diversos campos mediante el entrenamiento de habilidades mentales. Poder alcanzar el máximo nivel de rendimiento propio va más allá de la formación física y técnica para el deporte. El potencial que tiene una persona no se da por suerte, y se entiende que el talento natural es solo una pequeña parte de la ecuación. Así como una persona debe dedicar tiempo y energía en mejorar físicamente, también es esencial dedicar tiempo a la formación de habilidades mentales (manejo de emociones y presión, fomentar la autoconfianza, concentración, relajación, desarrollo de inteligencia emocional, y más).
En términos más simples, los profesionales en este campo no estamos para hacer terapia y tratar condiciones clínicas, lo cual es una falacia común. Sin embargo, si estamos para apoyar el crecimiento y desarrollo mental de nuestros clientes por medio del uso de métodos e intervenciones basados en la evidencia. Pero entonces, ¿cómo se entrena la mente?
La respuesta a esta pregunta es muy sencilla. Se entrena igual que cuando entrenamos un músculo de nuestro cuerpo. Cuando vamos a un gimnasio a entrenar brazo, después de acabar nuestra rutina no vamos a ver resultados inmediatos. Seguramente nos vamos a sentir bien, pero a menos que ejercitemos esos brazos constante e intencionalmente por un periodo de tiempo, y además, tengamos una nutrición balanceada, no vamos a ver los músculos marcados. Lo mismo pasa con las habilidades mentales, yo puedo saber una técnica para calmar mi cuerpo y perder la tensión antes de la competencia. Pero sin practicarla, nunca va a ser una herramienta fuerte que se nos ocurra usar naturalmente, entonces nuestro cuerpo no va a ver los beneficios de esa técnica.
Veámoslo en términos más generales. Un jugador puede estar en su mejor estado físico, pero si la ansiedad antes de un partido lo domina en la cancha, su rendimiento baja. Por el contrario, si el jugador tiene una preparación mental y logra encontrar la calma dentro del caos total, puede tomar mejores decisiones bajo presión y se puede concentrar en las cosas que importan, por ende, mejorando su rendimiento en la cancha. Por medio de la psicología deportiva se pueden aprender herramientas como la visualización, el autodiálogo, rutinas de concentración, manejo de la respiración, desarrollo de mindfulness (atención plena), exploración de valores e identidad, y más.
– Cada vez más equipos y atletas, incluso gente en profesiones de alto estrés como la milicia, están incorporando este entrenamiento mental en su día a día. Ya no es solo ‘ser el más fuerte’ o ‘ser la más rápida’ para ser un deportista bueno; sino que se requiere de un entrenamiento integral, incluyendo la mente, para llegar a una excelencia. Y no se trata solo de ganar partidos o tener renombre, sino de disfrutar el proceso, reducir el desgaste emocional y crecer como persona. Al final del día, el cuerpo nos lleva al juego, pero la mente es quien decide cómo se juega. Entrenar el músculo invisible de la mente puede ser la clave para alcanzar nuestro máximo potencial.
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