Mientras la discusión sobre vehículos eléctricos gira en torno a la eficiencia y el medio ambiente, una nueva perspectiva comienza a tomar fuerza: la salud física y mental de quienes los conducen.

En Colombia, miles de operadores de vehículos productivos —como vans y camiones de reparto— trabajan jornadas de ocho o más horas en entornos urbanos contaminados y con altos niveles de ruido. Para ellos, conducir no es solo un medio de transporte: es una condición de trabajo. Y esa condición puede tener consecuencias.

Farizon, marca respaldada por Geely Holding Group y Grupo Vardí, que cuenta con un portafolio actual de vehículos eléctricos productivos en Colombia, ha comenzado a poner la mirada en esta realidad: ¿qué ocurre con el cuerpo de un conductor cuando se elimina el ruido, el humo y la exigencia física constante de un vehículo tradicional?

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la exposición prolongada a contaminantes generados por motores de combustión —como el dióxido de nitrógeno (NO₂) y las partículas finas (PM2.5)— incrementa el riesgo de enfermedades respiratorias crónicas, problemas cardiovasculares y muertes prematuras. A escala global, se estima que la contaminación del aire causa 7 millones de muertes al año. En Colombia, estudios del Ministerio de Salud y el DANE han estimado que al menos 8.000 muertes anuales están relacionadas con la mala calidad del aire, principalmente en ciudades como Bogotá, Medellín y Cali.

En este contexto, la transición a vehículos eléctricos no es solo un paso tecnológico o ambiental. Es una medida de salud pública. Los vehículos eléctricos eliminan las emisiones locales de escape y reducen los niveles de ruido, especialmente en zonas densamente urbanas. Esto puede traducirse en menos hospitalizaciones por asma, enfermedades pulmonares obstructivas crónicas (EPOC) y eventos cardíacos, así como una mejora en la salud mental al reducir el estrés asociado al tráfico y al ruido constante.

Farizon, con modelos como la Van V6E, SuperVan y el camión H9, propone una solución que va más allá de la electrificación: repensar la experiencia diaria del conductor. En lugar de cabinas ruidosas y mecánicas exigentes, estos vehículos ofrecen dirección eléctrica, asientos ergonómicos (algunos con ventilación), transmisiones automáticas, pantallas inteligentes y eliminación de elementos físicos que generaban fatiga muscular.

“El cambio hacia un vehículo productivo eléctrico no solo mejora la eficiencia logística. También representa una mejora directa en la calidad de vida del conductor. Al eliminar el ruido, las vibraciones, los gases y la incomodidad operativa, estamos apostando por un entorno de trabajo más saludable y humano”, señaló Felipe Negret Hidalgo, Gerente de Marca de Farizon Colombia.

Además de los beneficios para la salud, el modelo eléctrico representa un ahorro operativo tangible: hasta 60% menos en costos de operación frente a vehículos de combustión y un retorno de inversión estimado en menos de 24 meses, según datos de la marca. Pero quizás el dato más relevante no está calculado: está en el cuerpo de quienes operan estos vehículos ocho horas al día.

Los expertos en salud ambiental coinciden: cambiar el tipo de vehículo en las ciudades puede tener un efecto inmediato en la salud de la población más expuesta. Según el International Council on Clean Transportation (ICCT) y la Agencia Europea del Medio Ambiente (AEMA), la sustitución de flotas de combustión por vehículos eléctricos puede reducir entre 50% y 67% la huella de carbono durante su vida útil y generar ahorros en costos sanitarios para los sistemas de salud locales.

Si el país avanza hacia metas de movilidad limpia, Farizon avanza con él: formando a nuevas flotas, ampliando corredores eléctricos y llevando tecnología accesible a 26 ciudades del país. Porque el impacto real de un vehículo eléctrico no solo se mide en kilómetros o ahorros, sino en la salud de quienes lo conducen todos los días. Y ese es el tipo de transformación productiva —y humana— que Colombia necesita impulsar.

Con los primeros avances en electrificación de flotas en Colombia, el debate comienza a ampliarse: más allá del medio ambiente, la adopción de vehículos productivos eléctricos podría mejorar la salud y el bienestar de miles de conductores. La evidencia inicial sugiere que el camino hacia una movilidad más limpia es, al mismo tiempo, un camino hacia entornos laborales más seguros.

La electrificación de flotas no solo está transformando la logística urbana: también está redefiniendo qué significa trabajar al volante. En Colombia, esta transición ya comenzó y empieza a evidenciar mejoras en las condiciones de quienes pasan la jornada en la vía. En este escenario, iniciativas como las de Farizon aportan soluciones orientadas a reducir la carga física y mental de miles de operadores, mientras impulsan un modelo de transporte productivo sustentado en tecnología, eficiencia y propósito.

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Yulder Jiménez

Redexpertos es una organización que tiene como objetivo congregar a profesionales relacionados con las áreas de las comunicaciones y la responsabilidad social empresarial, para promover la gestión del conocimiento y de esta manera aportar a la Sostenibilidad del planeta.

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