En un quirófano, una palabra a tiempo también puede ser una barrera de seguridad
Una cirugía no depende únicamente de la destreza de quien sostiene el bisturí. En el quirófano, la seguridad también está relacionada con la manera en que cirujanos, anestesiólogos, instrumentadores quirúrgicos, enfermeros y demás profesionales comparten información, verifican cada paso y reaccionan ante una posible discrepancia.
La cirugía moderna no puede entenderse como el trabajo aislado de una persona. La técnica es indispensable, pero también lo es la interacción entre quienes participan en el procedimiento. Un estudio observacional realizado durante 48 procedimientos registró 421 intercambios de información y encontró fallas en aproximadamente el 30 %; más de un tercio de ellas produjo efectos visibles sobre el proceso asistencial.
“Una cirugía técnicamente impecable necesita también un equipo que comparta la misma información, en el momento correcto y sin temor a preguntar”, explica Isabel Trujillo, docente de Instrumentación Quirúrgica de la Fundación Universitaria del Área Andina de Pereira.
Una de las herramientas para reducir ambigüedades es la comunicación de circuito cerrado: una persona emite el mensaje, quien lo recibe lo confirma y el primero verifica que fue comprendido. En Instrumentación Quirúrgica, esto implica mucho más que entregar instrumental. También supone anticipar riesgos, comunicar discrepancias, participar en verificaciones, recuentos y trazabilidad, además de expresar oportunamente una preocupación de seguridad.
La Lista de Verificación Quirúrgica de la OMS también busca convertir la seguridad en una conversación. Sus 19 elementos están organizados alrededor de tres pausas: antes de la inducción anestésica, antes de la incisión y antes de que el paciente abandone el quirófano. En ellas se verbalizan aspectos como la identidad, el procedimiento, el sitio, los riesgos, los recuentos, las muestras y posibles problemas con los equipos.
Para Trujillo, el objetivo no es marcar casillas por cumplir un requisito. “El verdadero indicador de calidad no es que todas las casillas estén marcadas, sino que todos hayan escuchado, comprendido y respondido”.
Otro factor que puede afectar el desempeño son las interrupciones. El concepto de “cabina estéril”, tomado de la aviación, plantea restringir conversaciones y actividades no esenciales durante momentos de alta carga cognitiva. En un quirófano no significa permanecer en silencio durante toda la cirugía, sino reconocer cuándo la atención debe concentrarse en una tarea crítica.
Una revisión sistemática y metaanálisis de 27 estudios encontró que las distracciones, interrupciones y alteraciones del flujo de trabajo se asociaban con mayor duración de las operaciones, deterioro del desempeño del equipo y algunos resultados adversos de seguridad. En los estudios que permitieron cuantificarlo, alrededor del 22 % del tiempo operatorio estaba relacionado con estas interrupciones.
La seguridad también requiere que cualquier integrante del equipo pueda hablar cuando identifica un riesgo. En la práctica, esto puede traducirse en reglas claras para escalar una alerta ante una lateralidad incorrecta, pérdida de esterilidad, un implante diferente al previsto o un recuento no conciliado. La autoridad clínica continúa existiendo, pero no debería silenciar información crítica.
El paciente y su familia también pueden constituir una barrera adicional de seguridad. Antes de una cirugía, el paciente puede confirmar activamente su identidad, el procedimiento que espera recibir y, cuando corresponda, el sitio o lado que será intervenido, además de informar alergias, medicamentos o antecedentes relevantes.
Hablar, verificar, preguntar y detenerse ante una discrepancia no sustituyen la técnica quirúrgica: forman parte de la seguridad que permite que esa técnica se desarrolle en las mejores condiciones posibles.
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