Por María Cristina Salas y Yulder Jiménez. RedExpertos

Tunja y varios municipios de Boyacá se vistieron de fiesta y oficio durante un mes entero: del 2 de octubre al 2 de noviembre se realizó la 52.ª edición del Festival Internacional de la Cultura Campesina (FICC), una versión concebida como homenaje al campo y a las tradiciones rurales del departamento. La apuesta de esta edición fue descentralizar la programación y poner en vitrina las artes y oficios campesinos —desde la hilandería y la alfarería hasta la música carranguera y la narrativa oral—, atrayendo delegaciones locales, nacionales e internacionales.

La apertura, enmarcada en el Día de la Boyacensidad, tuvo un desfile inaugural multitudinario por las calles de Tunja que combinó carrozas artesanales, comparsas y bandas musicales. En el festival participaron miles de artistas, artesanos y sabedores, contando. México fue país invitado de honor y el Huila estuvo como departamento invitado este comienzo convirtió al centro histórico de Tunja en un gran escenario de identidad y color, reforzando el diálogo cultural.

La programación fue amplia y diversa: el FICC desplegó sus actividades en ocho líneas artísticas, música, teatro, cuentería y narración oral, danza, artes plásticas y visuales, cine, patrimonio y memoria, y artesanías, y recorrió no solo Tunja sino también municipios como Paipa, Duitama, Sogamoso, Chiquinquirá y Puerto Boyacá. Hubo convocatorias públicas para seleccionar delegaciones, concursos musicales y festivales satélite que permitieron la participación de artistas emergentes y colectivos tradicionales. Además, la oferta incluyó foros, talleres, y el tradicional espacio CosechArte (Feria de las Artes y la Cosecha), que reunió a productores, cocineros y artesanos en una vitrina del patrimonio gastronómico y artesanal de Boyacá.

En materia musical el FICC apostó por la descentralización de conciertos: la agenda incluyó presentaciones por géneros (carranga, salsa, vallenato, música juvenil y góspel) en distintos municipios, además de dos conciertos de gran formato en Tunja durante el fin de semana final. Según cifras oficiales, los diez conciertos de gran escala del festival recibieron a cerca de 125.000 personas en total; solo los espectáculos de Morat y Marco Antonio Solís congregaron más de 55.000 asistentes entre las dos noches, convirtiendo a Boyacá en un escenario de alcance nacional. Estas cifras, junto con la programación académica y popular, sirvieron para dinamizar la vida cultural y turística del departamento.

El impacto económico y social del festival fue notorio. La presencia simultánea de artistas, ferias y visitantes generó flujo para la cadena turística local (hotelería, restaurantes, transporte y comercio artesanal) y activó mercados para productores rurales que participaron en CosechArte y en ferias de emprendimiento. La Gobernación y los organizadores destacaron no solo la asistencia masiva (cientos de miles de visitantes a lo largo del mes), sino el valor simbólico: el festival reforzó la visibilización del trabajo campesino, el orgullo local y la transmisión intergeneracional de oficios. Para muchos municipios pequeños, la llegada de programación cultural significó además oportunidades de formación y profesionalización para artistas y gestores culturales locales.

En lo artístico y cultural, los resultados quedaron reflejados en varias cifras y logros: más de 2.000 artistas y sabedores participantes provenientes de múltiples países y departamentos, la realización de caravanas culturales que llegaron a decenas de municipios, la entrega de espacios de formación y la consolidación de redes entre colectivos rurales y urbanos.

Entre los momentos más celebrados por el público estuvieron las noches de concierto en el Estadio La Independencia de Tunja, que cerraron con broche de oro, y la diversidad de CosechArte, donde el público pudo degustar productos autóctonos, comprar artesanías y conocer procesos productivos tradicionales, en tal sentido, el balance general de organizadores, autoridades y actores culturales fue positivo, subrayando que el festival cumplió su objetivo de enaltecer la cultura campesina y posicionar a Boyacá como destino cultural.

En la 52.ª edición del FICC, Boyacá reafirmó su capacidad para organizar un festival de gran escala que combina tradición y entretenimiento contemporáneo, mientras que las comunidades campesinas comenzaron a recibir el reconocimiento y la proyección que históricamente han buscado. pero el espectáculo y la participación ciudadana mostraron que la cultura campesina sigue siendo motor de identidad y desarrollo en el departamento.

Con el éxito alcanzado en esta edición, Boyacá ya comienza a prepararse para la versión 2026 del Festival Internacional de la Cultura Campesina, que promete nuevas experiencias, más municipios participantes y una agenda cada vez más sostenible e incluyente. Por lo que la invitación es a estar atentos a su próxima edición, a postular sus proyectos si los tiene y a seguir celebrando la riqueza del campo colombiano, que sigue siendo fuente de arte, identidad y desarrollo para todo el país.

Por María Cristina Salas y Yulder Jiménez. RedExpertos

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Yulder Jiménez

Redexpertos es una organización que tiene como objetivo congregar a profesionales relacionados con las áreas de las comunicaciones y la responsabilidad social empresarial, para promover la gestión del conocimiento y de esta manera aportar a la Sostenibilidad del planeta.

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