Cinco frenos para un futuro sostenible

marzo 4, 2026 Yulder Jiménez

Por: Carolina Barreto, docente de Gestión Ambiental del Politécnico Grancolombiano.

A veces siento que en Colombia hablamos de transición energética como si fuera una meta lejana, casi abstracta, pero cuando se trabaja de cerca con las comunidades, con los sectores productivos y con las instituciones, descubre que los obstáculos son mucho más concretos.

He seguido este proceso desde mi trabajo como docente en el Politécnico Grancolombiano, donde acompañamos de cerca debates, proyectos y análisis sobre el futuro energético del país. Esa experiencia permite ver que, más allá de los discursos, no hablamos de teorías ni conceptos técnicos, sino de realidades que nos “frenan” todos los días y que debemos enfrentar con madurez para avanzar hacia un modelo energético más sostenible y justo.

He seguido este proceso desde diferentes espacios académicos y profesionales, y algo se vuelve evidente: Colombia no está en cero, pero tampoco está avanzando al ritmo que necesita. Nuestro desempeño global muestra que aún nos cuesta convertir los discursos en acciones consistentes, y cuando reviso las experiencias de territorio, los informes técnicos y los avances institucionales, encuentro cinco desafíos que siguen marcando el camino.

El primero es el financiamiento. La transición energética no es un proyecto menor, exige recursos sostenidos y una visión de largo plazo. No basta con depender del presupuesto público, ni con esperar que el sector privado invierta solo por convicción ambiental, se necesita una articulación capaz de movilizar capital, reducir riesgos y garantizar que los proyectos renovables no se obstaculicen por falta de músculo financiero. Sin esa base, toda estrategia se vuelve frágil.

El segundo desafío tiene que ver con algo que casi nunca se menciona: la apropiación del conocimiento. En demasiados territorios, los proyectos se explican tarde e inadecuadamente, la información llega en formatos técnicos, sin traducciones reales para la vida cotidiana de las comunidades, y cuando la gente no entiende qué se hará en su territorio, es natural que desconfíe. Democratizar el conocimiento energético es una condición para la gobernanza.

El tercer punto es el recambio industrial. Muchas empresas quieren modernizarse, pero no siempre tienen acceso a las tecnologías, los incentivos o las capacidades que esto implica. La transición energética no es solo instalar paneles o turbinas, es revisar procesos completos, rediseñar cadenas productivas y adoptar prácticas más eficientes. El sector empresarial podría avanzar más rápido si contara con políticas claras y herramientas de apoyo que les permitan dar el salto tecnológico sin quedar en desventaja.

El cuarto desafío es el más humano: trabajar con las comunidades y no solo frente a ellas. En un país tan diverso como el nuestro, cualquier transición que ignore los territorios está destinada a generar fricciones. Cuando las instituciones crean espacios de diálogo genuino, cuando escuchan y reconocen la historia y el tejido social de cada lugar, los proyectos dejan de ser intrusivos y se convierten en oportunidades compartidas. A veces olvidamos que la sostenibilidad también es emocional y cultural.

Y finalmente, está un factor tan obvio como difícil de asegurar: la voluntad política. Si no existe un consenso mínimo entre actores públicos, privados y sociales, la transición energética se vuelve una colección de iniciativas dispersas, sin capacidad de transformar realmente el modelo. Esto no se resuelve con discursos, sino con decisiones coherentes, reglas estables y una visión país que sobreviva a los ciclos de gobierno.

Superar estos cinco desafíos no es sencillo, pero tampoco es imposible. Colombia tiene el potencial, la capacidad técnica y el talento para avanzar, lo que necesitamos es asumir la transición energética como un proyecto colectivo. Cuando se reconoce esa responsabilidad compartida, la sostenibilidad deja de ser un horizonte y se convierte en un camino concreto, uno que podemos recorrer si actuamos con claridad, confianza y compromiso.

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