Cómo alimentar a Latinoamérica sin agotar el agua: Tres claves para producir más con menos

octubre 7, 2026 • Yulder Jiménez

Según el Banco Mundial, el sector agroalimentario concentra cerca del 70% del consumo de agua a nivel mundial, lo que lo convierte en el actor con mayor responsabilidad y también mayor margen de mejora frente al desafío hídrico global. En América Latina, el mismo organismo estima que cerca del 45% del agua de la región se pierde antes de llegar al consumidor, por fugas, ineficiencias y agua no contabilizada.

A esto se suma que, según el propio Banco Mundial, la población de la región pasará de cerca de 625 millones de habitantes en 2010 a aproximadamente 750 millones hacia 2030, lo que implica un aumento sostenido en la demanda de alimentos, particularmente de origen animal.

Pero alimentar a una región que crece no significa necesariamente consumir más agua. Esa es la premisa desde la que Ecolab aborda uno de los desafíos más urgentes de la industria alimentaria latinoamericana: producir más, con menos recursos, sin comprometer la inocuidad ni la calidad del producto final.

«Durante años la industria ha asumido que crecer en producción implica crecer en consumo de agua. Hoy tenemos la tecnología para desacoplar ambas curvas, y las plantas que lo están haciendo, no sólo están ahorrando agua, sino que están siendo más rentables y más resilientes frente a la escasez«, señaló Diego Varrá, VP de Área Latinoamérica Sur y Central, Food & Beverage.

Según el especialista, el primer paso es dejar de operar a ciegas. «No se puede optimizar lo que no se mide. Cuando instalamos sistemas de monitoreo en tiempo real por la línea de producción, es común que las mismas plantas descubran que están perdiendo agua en puntos que nunca habían identificado como críticos. Esa visibilidad es lo que permite pasar de una meta genérica de ahorro a una intervención precisa, en el lugar exacto donde se pierde el recurso«, explicó Varrá.

El segundo eje tiene que ver con romper un falso dilema instalado en la industria alimentaria: que cuidar el agua implica arriesgar la inocuidad. «Es al revés. Las tecnologías de tratamiento que hoy existen permiten reutilizar agua en procesos como la limpieza y sanitización sin comprometer ningún estándar. La inocuidad y la eficiencia hídrica no compiten y cualquier estrategia que las plantee como opuestas, está desactualizada«, afirmó.

El tercer punto que Varrá releva es que el desafío no se resuelve sólo dentro de la planta. «La huella hídrica de un alimento se construye mucho antes de llegar a la línea de producción, en el campo, con los proveedores agrícolas. Trabajar de forma aislada, mejorando sólo el proceso industrial, deja fuera la parte más grande del problema. Las empresas que están teniendo mejores resultados son las que están llevando la conversación de eficiencia hídrica hacia atrás en su cadena, acompañando a sus proveedores en lugar de sólo exigirles resultados«, agregó.

Esta mirada cobra especial relevancia en un contexto donde, según el Ecolab Watermark™ Study 2025, el 83% de los latinoamericanos considera que reducir, reutilizar y reciclar el agua es fundamental para la sostenibilidad a largo plazo, y un 74% ha cambiado de marca por razones ambientales. Para Varrá, esa presión del consumidor es, en el fondo, una oportunidad. «La sostenibilidad hídrica dejó de ser un tema reputacional para convertirse en un factor de continuidad del negocio. Las empresas que actúan ahora no sólo se están adelantando a una futura escasez, se están adelantando a lo que sus propios consumidores ya les están pidiendo«, concluyó.

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