Energía: transformación posible, pero no automática

mayo 29, 2026 Yulder Jiménez

Por: Andrea Carolina Sánchez, docente de la Escuela de Ciencias Básicas de la Universidad Politécnico Grancolombiano

Las energías renovables ya no son un tema del futuro. Son una realidad que avanza, con logros concretos y desafíos igual de concretos. Los países han venido diversificando sus matrices energéticas por múltiples razones: los compromisos globales frente al cambio climático y la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero han marcado la dirección, pero también pesa el hecho de que los combustibles fósiles son un recurso finito. Depender exclusivamente de ellos es apostarle a una solución con fecha de vencimiento.

En ese contexto, Colombia parte con una ventaja importante: gracias a su base hidroeléctrica, el país tiene una generación eléctrica con niveles de emisiones significativamente menores que los de muchas otras naciones. Sin embargo, esa ventaja no es suficiente por sí sola. La demanda energética crece, el cambio climático presiona y la dependencia de los combustibles fósiles, especialmente en el sector transporte, sigue siendo una realidad que no se puede ignorar.

Asumir que la transición energética es únicamente un asunto tecnológico sería un error. Las barreras son diversas: la financiación sigue siendo insuficiente, la tecnología proviene casi en su totalidad del exterior y varios proyectos han enfrentado frenos por tensiones sociales, restricciones presupuestales y otras razones que reflejan la complejidad del proceso.

La movilidad eléctrica es un ejemplo claro de estas tensiones: los vehículos eléctricos llegaron y siguen llegando al país, pero la infraestructura de puntos de carga no crece al mismo ritmo que su comercialización. Como en cualquier proceso de transformación profunda, estos retos hay que irlos sobrellevando, aunque también pueden limitar un alcance más amplio si no se abordan con decisión.

Esa misma lógica aplica cuando se habla de las fuentes de respaldo. La variabilidad climática es un factor real que afecta la generación renovable, y las plantas termoeléctricas siguen siendo el soporte esencial del sistema ante esas fluctuaciones. Por eso, pensar en eliminarlas en el corto plazo no es una postura realista.

La transición no funciona como un interruptor: requiere paciencia, planificación y un portafolio diverso de fuentes que garantice la seguridad del suministro mientras se avanza progresivamente hacia modelos más sostenibles.

Desde la educación, el desafío es igualmente importante. No se trata solo de formar profesionales con discursos sobre sostenibilidad, sino de construir ciudadanos y profesionales capaces de entender el contexto energético del país, cuestionarlo y participar activamente en él. La transición energética no es un tema exclusivo de ingenieros: el derecho, la economía, las ciencias sociales y la comunicación tienen mucho que aportar y explorar en este campo.

En esa dirección, en la Escuela de Ciencias Básicas del Politécnico Grancolombiano un grupo de docentes hemos venido integrando en los cursos de física aplicaciones prácticas enfocadas en energías, buscando que los estudiantes conecten los principios científicos con las realidades energéticas del país.

 A esto se suma el trabajo que otros colegas de la Escuela adelantan a través del Club Poli STEM con el Colegio Simón Rodríguez, donde niños y jóvenes exploran estas temáticas de forma experimental y aplicada. Son iniciativas distintas pero complementarias, que comparten un mismo propósito: que estos temas dejen de sentirse lejanos y se conviertan en preguntas propias.

Porque el cambio no depende únicamente de grandes políticas o megaproyectos. También pasa por ciudadanos informados que conozcan su consumo, verifiquen sus fuentes y aprovechen las alternativas que ya existen, como los paneles solares para autoconsumo, una opción real y disponible hoy para muchos hogares colombianos.

Las energías renovables son una realidad que no para de crecer. El camino será imperfecto y tomará tiempo, pero eso también hace parte del desarrollo. Cada reto es una oportunidad de adaptación. La pregunta no es si la transición va a ocurrir, sino con qué criterio, preparación y compromiso colectivo vamos a asumirla

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