La revolución 6G: arquitecturas para un IoT autónomo y sin baterías

abril 16, 2026 Yulder Jiménez

Mientras América Latina continúa avanzando en el despliegue de redes 5G, la industria tecnológica global ya comienza a sentar las bases de la próxima generación: 6G. Más allá de un salto en velocidad, esta evolución plantea un cambio estructural en la forma en que concebimos el Internet de las Cosas (IoT), especialmente frente a uno de sus mayores desafíos actuales: la energía.

En un entorno donde miles de millones de dispositivos se conectan de forma simultánea, la dependencia de baterías se ha convertido en un problema logístico, económico y ambiental. La necesidad de mantenimiento, reemplazo y gestión a gran escala limita la expansión del IoT en múltiples industrias.

“Las baterías son el talón de Aquiles del IoT actual. Gestionar millones de dispositivos implica desafíos operativos y ambientales significativos. La evolución hacia 6G busca abordar este problema a través de modelos de eficiencia energética extrema y nuevas formas de comunicación, como la retrodispersión ambiental”, comenta Cristian Dieguez, Head of DU CSP & NEP para América Latina de GlobalLogic.

En este contexto, 6G se diseña para habilitar dispositivos de “energía cero” o “sin batería”, capaces de captar energía del entorno —como luz, calor o incluso señales de radio— y operar de forma autónoma durante largos períodos. A esto se suma una mejora proyectada de hasta 100 veces en la eficiencia energética por bit, lo que abre la puerta a una nueva generación de sensores inteligentes, sostenibles y prácticamente libres de mantenimiento.

Aunque 6G aún se encuentra en etapa de desarrollo, muchas de estas capacidades comienzan a explorarse hoy sobre redes 5G avanzadas y arquitecturas Edge. La incorporación de inteligencia en el borde (Edge AI) permite procesar datos en tiempo real, optimizar el consumo energético y habilitar decisiones autónomas en dispositivos distribuidos.

Este avance no solo representa una evolución tecnológica, sino también una oportunidad concreta de negocio para las empresas y operadores de telecomunicaciones. A medida que el IoT escala, emergen nuevos modelos basados en servicios B2B y B2B2X, donde las telcos pueden monetizar plataformas, datos y capacidades digitales más allá de la conectividad tradicional.

Sectores como utilities, oil & gas, agricultura inteligente o ciudades inteligentes serán algunos de los principales beneficiados. La posibilidad de desplegar millones de sensores sin necesidad de mantenimiento permitirá reducir costos operativos, mejorar la eficiencia y habilitar nuevos modelos de monitoreo y automatización en tiempo real.

Este crecimiento también plantea desafíos a nivel de infraestructura. De acuerdo con la GSMA, las redes 6G requerirán hasta tres veces más espectro de banda media para soportar la demanda futura, mientras que hacia 2040 se proyectan más de 5 mil millones de conexiones 6G y un tráfico móvil global cercano a los 3.900 exabytes mensuales. Este escenario hace inviable sostener el modelo actual basado en baterías y refuerza la necesidad de arquitecturas energéticamente autónomas.

En América Latina, los primeros pasos hacia esta evolución ya están en marcha. En Colombia, el Ministerio TIC y la Agencia Nacional del Espectro han incorporado la visión de 6G dentro de su planificación estratégica, como parte de los esfuerzos por modernizar la conectividad y reducir brechas digitales.

“La evolución hacia 6G no se trata solo de mayor velocidad, sino de construir una infraestructura inteligente, eficiente y sostenible. Estamos entrando en una etapa donde la energía deja de ser una limitación y pasa a ser parte del diseño del sistema”, destaca Dieguez.

Desde GlobalLogic, este cambio se aborda a través del diseño de arquitecturas digitales avanzadas que integran IoT, Edge AI y ecosistemas basados en APIs abiertas, permitiendo a operadores y empresas capturar el valor de estos nuevos modelos. La combinación de conectividad, datos e inteligencia será clave para habilitar plataformas escalables, resilientes y orientadas al negocio.

A medida que se difuminan las fronteras entre el mundo físico y digital, 6G se posiciona como el habilitador de una nueva generación de sistemas autónomos, capaces de interactuar, aprender y evolucionar en tiempo real.

“El futuro no estará definido únicamente por la velocidad de las redes, sino por la inteligencia con la que se utilicen. Las organizaciones que comiencen hoy a diseñar estas capacidades serán las que lideren la próxima etapa del IoT”, concluye Dieguez.

Mientras América Latina avanza en el despliegue de redes 5G, la industria tecnológica global ya está sentando las bases de la próxima generación de conectividad: el 6G.

Más que un salto en velocidad, esta evolución plantea un cambio estructural en la forma en que operará el Internet de las Cosas (IoT), especialmente frente a uno de sus mayores desafíos: la energía.

En un entorno donde miles de millones de dispositivos se conectan de forma simultánea, la dependencia de baterías se ha convertido en una de las principales limitaciones del ecosistema. Los costos asociados al mantenimiento, reemplazo y gestión de estos dispositivos representan un obstáculo tanto operativo como ambiental para la expansión del IoT en múltiples industrias.

“Las baterías son el talón de Aquiles del IoT actual. Gestionar millones de dispositivos implica desafíos operativos y ambientales significativos. La evolución hacia 6G busca abordar este problema a través de modelos de eficiencia energética extrema y nuevas formas de comunicación, como la retrodispersión ambiental”, explica Cristian Dieguez, Head of DU CSP & NEP para América Latina de GlobalLogic.

En este contexto, el desarrollo de 6G apunta a habilitar dispositivos de “energía cero” o incluso sin batería, capaces de captar energía del entorno, como luz, calor o señales de radio, y operar de forma autónoma durante largos periodos.

A esto se suma una mejora proyectada de hasta 100 veces en la eficiencia energética por bit, lo que abriría la puerta a una nueva generación de sensores inteligentes, sostenibles y prácticamente libres de mantenimiento.

Aunque esta tecnología aún se encuentra en fase de desarrollo, varias de estas capacidades ya comienzan a explorarse sobre redes 5G avanzadas y arquitecturas de Edge computing. La incorporación de inteligencia en el borde (Edge AI) permite procesar datos en tiempo real, optimizar el consumo energético y habilitar decisiones autónomas en dispositivos distribuidos.

Más allá del avance tecnológico, esta evolución también representa una oportunidad de negocio para operadores y empresas. A medida que el IoT escala, surgen nuevos modelos basados en servicios B2B y B2B2X, en los que las compañías de telecomunicaciones pueden monetizar plataformas, datos y capacidades digitales más allá de la conectividad tradicional.

Sectores como utilities, oil & gas, agricultura inteligente y ciudades inteligentes figuran entre los principales beneficiados. La posibilidad de desplegar millones de sensores sin necesidad de mantenimiento permitiría reducir costos operativos, mejorar la eficiencia y habilitar nuevos modelos de monitoreo y automatización en tiempo real.

No obstante, este crecimiento también implica desafíos importantes en infraestructura. Según la GSMA, las redes 6G requerirán hasta tres veces más espectro de banda media para soportar la demanda futura. Además, hacia 2040 se proyectan más de 5.000 millones de conexiones 6G y un tráfico móvil global cercano a los 3.900 exabytes mensuales, lo que hace inviable mantener el modelo actual basado en baterías.

En América Latina, los primeros pasos hacia esta nueva generación ya están en marcha. En Colombia, entidades como el Ministerio TIC y la Agencia Nacional del Espectro han comenzado a incorporar la visión de 6G en sus planes estratégicos, como parte de los esfuerzos por modernizar la conectividad y reducir brechas digitales.

“La evolución hacia 6G no se trata solo de mayor velocidad, sino de construir una infraestructura inteligente, eficiente y sostenible. Estamos entrando en una etapa donde la energía deja de ser una limitación y pasa a ser parte del diseño del sistema”, agrega Dieguez.

Desde GlobalLogic, este cambio se aborda a través del diseño de arquitecturas digitales que integran IoT, Edge AI y ecosistemas basados en APIs abiertas, con el objetivo de permitir a operadores y empresas capturar el valor de estos nuevos modelos.

En un escenario donde las fronteras entre el mundo físico y digital son cada vez más difusas, el 6G se perfila como el habilitador de una nueva generación de sistemas autónomos, capaces de interactuar, aprender y evolucionar en tiempo real.

“El futuro no estará definido únicamente por la velocidad de las redes, sino por la inteligencia con la que se utilicen. Las organizaciones que comiencen hoy a diseñar estas capacidades serán las que lideren la próxima etapa del IoT”, concluye Dieguez.

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