Tortugas marinas nadan contra las corrientes del Caribe: investigación de UTadeo revela sus rutas y amenazas
Las tortugas marinas no siempre siguen las corrientes del océano. Una investigación de la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano encontró que, durante el periodo de seguimiento, tres tortugas monitoreadas en el Caribe colombiano realizaron desplazamientos en contra de las corrientes y a favor del viento, mientras que la disponibilidad potencial de alimento tuvo un papel importante en sus recorridos.
El hallazgo hace parte de ‘Navegantes ancestrales: seguimiento satelital de tortugas marinas en el Caribe colombiano’, investigación desarrollada por Julián David Morales Sánchez, egresado de Biología Marina de UTadeo, que retomó una línea de telemetría satelital que llevaba 12 años sin nuevos registros en la región.
“Los datos mostraron desplazamientos en contra de la corriente y a favor de la dirección del viento, mientras que la productividad primaria y la disponibilidad potencial de alimento parecieron tener un papel importante en sus recorridos”, explica Julián.
Tres tortugas para volver a mirar el Caribe
El proyecto siguió a Kika, Corazón y Canela, tres tortugas que permitieron obtener información sobre sus desplazamientos y las condiciones ambientales de diferentes zonas del Caribe colombiano.
Las dos primeras fueron liberadas el 31 de mayo de 2025 en la playa Mendihuaca, en Santa Marta. Kika, una tortuga caguama (Caretta caretta), se internó en el mar hasta alcanzar aproximadamente 42 kilómetros de la costa antes de regresar hacia el litoral y continuar hacia La Guajira.
Corazón, una tortuga carey (Eretmochelys imbricata), tomó otra ruta: se dirigió hacia el Parque Nacional Natural Tayrona, donde permaneció varios días en bahías asociadas con arrecifes coralinos.
Al cruzar las rutas con variables como temperatura superficial del mar, viento, corrientes y productividad primaria, el investigador encontró que los movimientos estaban relacionados con las características de los ecosistemas y la disponibilidad potencial de alimento.
En el caso de Corazón, sus desplazamientos coincidieron con zonas de arrecifes coralinos saludables, ecosistemas importantes para una especie que se alimenta principalmente de esponjas. Kika, por su parte, permaneció cerca de un mes en una laguna de La Guajira, donde se registraron altos niveles de productividad primaria.
La pesca: una de las mayores amenazas para estas especies
Pero el seguimiento también permitió documentar una de las principales amenazas que enfrentan las tortugas marinas.
Pocos días después de su liberación, Corazón dejó de transmitir. La señal permaneció localizada en Taganga, por lo que el equipo de investigación y las autoridades se desplazaron hasta la zona. La comunidad entregó el transmisor que había sido recuperado del animal.
De acuerdo con la información recopilada por el equipo, Corazón había quedado atrapada en un arte de pesca y murió. El transmisor, sin embargo, se encontraba en condiciones que permitieron recuperarlo y continuar con el proyecto.
Para Julián, este episodio dejó una conclusión que va más allá de los datos científicos: la conservación de las tortugas marinas requiere trabajar directamente con las comunidades que habitan y desarrollan sus actividades en estos territorios.
“Muchas veces siento que la ciencia se basa en conservar, pero no tienen en cuenta las comunidades, quienes son un factor importante en la preservación y conservación de la especie”, señala el investigador.
El transmisor de Corazón permitió seguir a una tercera tortuga
El dispositivo recuperado en Taganga hizo posible continuar el estudio con Canela, una tortuga caguama de seis años y aproximadamente 90 kilogramos que permanecía bajo cuidado del Acuario Mundo Marino debido a antecedentes clínicos.
Tras recibir el alta veterinaria y la autorización de las autoridades ambientales, Canela fue equipada con el transmisor y liberada aproximadamente 10 kilómetros mar adentro, con acompañamiento de la Armada Nacional.
La decisión se tomó a partir de los datos oceanográficos obtenidos durante el proyecto, buscando reducir su exposición a zonas costeras y aprovechar una corriente que se alejaba de la bahía de Santa Marta.
Canela ingresó posteriormente al Parque Tayrona y su señal se perdió 14 días después, en una zona arrecifal protegida. Aunque el transmisor no pudo ser recuperado, durante el periodo observado la tortuga mostró un comportamiento adecuado y permaneció dentro de un área protegida.
La investigación señala zonas que requieren mayor atención
Aunque el seguimiento de las tortugas tuvo una duración menor a la inicialmente esperada, los datos obtenidos permitieron identificar sectores que podrían ser prioritarios para futuras investigaciones y acciones de conservación.
Entre ellos están la Alta Guajira, sectores de Riohacha y el Parque Tayrona, donde se registraron desplazamientos o permanencia de las tortugas.
Para el investigador, contar con esta información es fundamental para tomar decisiones de conservación basadas en evidencia. “No es lo mismo decir: ‘Vamos a declarar esa área zona protegida porque es bonita’, que decir: ‘Es un área protegida porque aquí se alimentan las tortugas marinas’”.
De la investigación científica a la educación ambiental
Tras el caso de Corazón, el equipo realizó jornadas de educación ambiental en Taganga para explicar a los pescadores qué era el dispositivo que llevaba Canela y qué debían hacer si encontraban a la tortuga.
El mensaje comenzó a circular entre los propios habitantes y pescadores de la zona, quienes entendieron que el transmisor no debía retirarse y que el animal hacía parte de un estudio científico.
Para Julián, esta experiencia demostró que la conservación no puede plantearse únicamente desde la prohibición, sino que debe construirse con las comunidades y tener en cuenta sus prácticas y conocimientos. “No se trata solamente de proteger, sino de proteger con conciencia”. Navegantes ancestrales representa el reinicio de una línea de telemetría satelital que llevaba 12 años sin nuevos registros de tortugas marinas en el Caribe colombiano.
El proyecto fue desarrollado en alianza con el Proyecto de Conservación de Tortugas Marinas, el Acuario Mundo Marino y Petrobras, organización que apoyó la adquisición de los transmisores.
Los resultados fueron presentados por Julián en el XXI Seminario Nacional de Ciencias y Tecnologías del Mar – SENALMAR XXI-2026, realizado en mayo en la Universidad de Medellín, donde participó como ponente oral con su trabajo de grado, así mismo se presentó en ponencia oral en el 4to Congreso Colombiano de Herpetología en la Universidad del Magdalena, Santa Marta en el mes de diciembre.
El investigador espera que este trabajo sirva como punto de partida para continuar el seguimiento de las cinco especies de tortugas marinas presentes en el Caribe colombiano, incluida la tortuga laúd. “Necesitamos muchas más tortugas, muchos más transmisores y mucha más gente que se anime a trabajar con telemetría satelital para seguir llenando ese vacío”.
Para Julián, además, la investigación dejó una enseñanza que trasciende las tortugas y la ciencia: “No pierdan nunca esa curiosidad que tenían cuando eran niños. Porque eso es lo que hace a los grandes científicos”.
“Cada tortuga que regresa al mar es un mensaje de esperanza; entender su viaje es el primer paso para asegurar que haya un futuro donde todas puedan regresar” Julián David Morales Sánchez, 2025
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