El colombiano pone la alimentación de su mascota entre las prioridades del hogar
El precio promedio por kilogramo de alimento para mascotas en Colombia subió un 23% en 2024. El mercado, en lugar de contraerse, creció. Ese dato, encontrado en una de las investigaciones de Pet Food Institute, organización sin ánimo de lucro de Estados Unidos dedicada a promover la salud y nutrición animal, resume en una sola cifra un fenómeno que los economistas llaman baja elasticidad-precio y que los dueños de mascotas en Colombia simplemente llaman prioridad: alimentar al animal no es un gasto que se recorte cuando las cuentas aprietan.
Los números sostienen esa lectura. En 2025, Pet Industry calculó que el mercado colombiano de petfood alcanzó USD 1.27 mil millones, avanzando a contracorriente de una inflación general del 5.1% anual. Las proyecciones de Euromonitor indican que el gasto total relacionado con mascotas llegará a COP 6.1 billones en 2026. El contraste con otras categorías es significativo: mientras el consumo de varios bienes de uso cotidiano se ajustó a la baja durante 2024 y 2025, el petfood sostuvo su curva de crecimiento sin interrupciones.
El doctor Carlos Cifuentes, médico veterinario de Pet Food Institute, cree que esta resiliencia del gasto no debería ir reñida con la calidad nutricional. Los peludos necesitan más de 40 nutrientes esenciales para una alimentación completa y balanceada, un estándar que resulta prácticamente imposible de alcanzar con sobras de mesa o comida casera, y que tampoco se garantiza con cualquier producto comercial. Optar por alimentos para mascotas procedentes de Estados Unidos ofrece el respaldo de estándares de producción entre los más rigurosos del mundo, lo que se traduce en una nutrición más completa y segura para el animal. La industria, señala PFI, tiene la responsabilidad de ofrecer opciones de calidad en todos los rangos de precio para que el contexto económico no se convierta en un obstáculo para la salud animal.
Los datos sobre comportamiento del consumidor durante el pico inflacionario revelan una estrategia de adaptación, no de renuncia. Muchos dueños redujeron el tamaño de la porción sin cambiar de marca, o migraron a presentaciones más grandes para optimizar el costo por kilo. En los segmentos más sensibles al precio, la venta a granel ganó terreno: el 42% de los hogares adoptó esta modalidad como estrategia de ahorro. Lo que los datos no registran es un abandono masivo de la alimentación comercial de calidad.
Jorge, ingeniero de 41 años residente en Cali, recorrió exactamente ese camino durante 2024. Con tres mascotas en casa y un presupuesto ajustado, reorganizó sus gastos de forma quirúrgica: «Dejé de salir a comer los fines de semana, recorté el streaming, cambié el gimnasio por correr en el parque. Pero el alimento de mis perros y mi gato no lo toqué. Para mí eso no era negociable.» Pasó a comprar en presentaciones más grandes y consultó con su veterinaria la opción más completa dentro de su rango de precio. Su decisión, lejos de ser un caso aislado, reproduce el patrón que los datos del sector confirman a escala nacional.
El motor de fondo es la humanización de las mascotas: el dueño que considera a su animal un miembro de la familia no recorta su alimentación del mismo modo que no recortaría la comida de un hijo. Este vínculo ha reconfigurado la lógica del presupuesto doméstico en Colombia, elevando el petfood a una categoría que compite en prioridad con la salud y los servicios básicos del hogar. Pet Food Institute promueve que esas decisiones de compra estén basadas en necesidades nutricionales reales y no únicamente en el precio, porque la calidad nutricional no siempre está correlacionada de forma lineal con el costo. Para orientación nutricional y recursos para dueños responsables, visita www.petfoodinstitute.org.
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